sábado, 19 de enero de 2019

¿El fruto de la granada sería útil para el manejo de enfermedades inflamatorias intestinales?



Como siempre en nuestra línea, este nuevo año, queremos inyectarles la misma pasión y ganas por realizar investigación, que podemos sentir nosotros, a partir de noticias científicas sobre la salud que influyen en nuestro día a día y que de una u otra manera no resultan lejanas o difíciles para usar de ejemplo y empezar a animarnos a investigar en líneas similares.

Una de las áreas que más nos llama la atención es el crecimiento de investigación en los últimos años de la microbiota intestinal, y la cada vez mayor relación que se le encuentra con distintos sistemas de nuestro organismo. De tal manera que empieza a ganar interés para la farmacología.

Es por ello, que hoy queremos compartir con ustedes un reciente artículo publicado por un grupo de investigadores de la Universidad de Louisville, EE.UU., y del “Institute for Stem CellBiology and Regenerative Medicine” de Bangalore, India, en la revista científica Nature Communications, en este mes de enero.

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal, denominación común a la que pertenecen dos tipos de enfermedades, la Colitis Ulcerosa y la Enfermedad de Chron, es una patología digestiva que afecta a gran parte de la población, con síntomas no solo digestivos, como estreñimiento, diarrea, sangrado intestinal (o de otras regiones del tubo digestivo), pérdida de peso, etc., sino también extra digestivos, se piensa, en relación a una comunicación intrínseca con el sistema inmunológico alterado, de manera que puede generar síntomas dermatológicos, osteo-articulares, neurológicos, etc. Es una enfermedad con muy pocos tratamientos efectivos, muchos de ellos costosos y difíciles de alcanzar en países en desarrollo. Las bases de la enfermedad, partirían en relación a la afectación, por condición genética y ambiental, de las proteínas que permiten la unión entre una y otra célula que forman la mucosa digestiva, y a partir de entonces, agentes extraños ingeridos en la dieta y bacterias que pueden convertirse en nocivas, al igual que sus metabolitos, ingresarían directamente a la submucosa con contacto directo con el sistema vascular y generando un patrón inflamatorio desordenado con la consiguiente cascada negativa de procesos patológicos.

Ya previamente sobre el año 2009 el grupo referido había determinado los beneficios de sustancias de la granada como antiinflamatorio en el tracto digestivo. Sin embargo, recientemente han llegado a determinar y producir un análogo sintético, del metabolito producido por la propia flora intestinal de nuestro organismo, a partir de tal fruto, la llamada Urolitina A (UroA). Este metabolito y su análogo, que puede ser producido más adelante de manera amplia, permitiría no solo la reforma de la barrera intestinal dañada, sino que generaría una efectiva actividad inflamatoria directa. Si bien determinan que aún queda por estudiar, tanto in vitro como in vivo los mecanismos específicos por los que intervendrían de manera beneficiosa, los estudios preclínicos empiezan a ser alentadores.    
                                                                     CREDITOS: Praveen Kumar Vemula, inStem, India.

Esto es otro ejemplo, de cómo tanto el estudio de nuestro microbioma intestinal, su adecuada homeostasis con nuestro organismo, y el estudio de muchos de los alimentos, reconocidos desde tiempos lejanos como saludables para nuestra salud (frutos por suerte abundantes en nuestro país), serían un brazo de investigación abierto más, para quienes se encuentren en el área de la investigación agrícola y sanitaria.
Aquellos interesados en leer algo más al respecto, les alcanzamos el link al artículo publicado el pasado 9 de enero: 

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miércoles, 9 de enero de 2019

domingo, 11 de noviembre de 2018

¿Sería nuestro apéndice intestinal el foco de inicio de la Enfermedad de Parkinson?.



Como ya tenemos acostumbrados a nuestros lectores, el nuevo mundo a explorar del microbioma intestinal humano no deja de darnos nuevos asombros científicos y puertas de investigación en cada área de las ciencias de la salud.

En esta oportunidad nos gustaría darles a conocer un reciente estudio, publicado en la revista científica “Science Transalational Medicine” (de acceso gratuito), donde refieren un avance epidemiológico interesante más en cuanto a la etiología de la Enfermedad de Parkinson.

Como bien sabemos, la Enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo de evolución lenta y progresiva. Luego de la Enfermedad de Alzheimer, es la segunda enfermedad neurológica, de este orden, más prevalente. En general se puede decir que es una enfermedad que atañe no solo manifestaciones motoras, como los conocidos temblores pasivos, enlentecimiento y deterioro funcional, debido a la pérdida de producción de dopamina en un centro del tronco encefálico, sino también de síntomas no motores, poco menos conocidos, y que suelen presentarse algunos, como los síntomas digestivos (como el estreñimiento propio de esta enfermedad), hasta 20 años antes de la expresión motora de la enfermedad. Es conocida como una sinucleopatía, al evidenciarse la presencia de acúmulos de moléculas alfa sinucleina, formando complejos llamados cuerpos de Lewy, en el interior de las neuronas afectadas.

Ya desde hace varios años, se ha evidenciado que los complejos de alfa sinucleina patológicos podían encontrarse en el mismo tracto digestivo y que a través de un proceso de transmisión retrograda del nervio vago (par craneal que nace del tronco encefálico, y al salir de la base de cráneo recorre casi todo el cuerpo para cumplir con la inervación vegetativa parasimpática de control autonómico del cuerpo, en conjunto con el sistema simpático), a partir de sus conexiones con el sistema intestinal podría determinar su contaminación dentro del cerebro. De manera que algunas terapias previas buscaban la vagotomía (corte del nervio vago) para evitar, y así se demostró en algunos estudios, la posible afectación de enfermedad de Parkinson en el tiempo.

El artículo científico que les damos a conocer denota dos estudios llevados en los últimos tiempos tanto en Suecia como en Estados Unidos. En el primero se realiza un estudio prospectivo de seguimiento de más de 50 años en una población de hasta 1 millón y medio de personas para determinar características de la presentación de la enfermedad entre pacientes que se le había practicado apendicectomía y en los que no, demostrando una reducción de posibilidad de tener la enfermedad de hasta el 20% en los primeros. En el segundo estudio, llevado a cabo en Estados Unidos, se realizó un estudio retrospectivo determinando en una población con enfermedad de Parkinson, las características de presentación entre los que habían tenido apendicectomía en el pasado y los que no, demostrando que la edad de presentación de la enfermedad era más tardía en los pacientes que habían tenido tal procedimiento quirúrgico.

Con ello se denota que el apéndice, un vestigio del tracto intestinal, cumpliría un papel muy importante en la presentación de la enfermedad, sin ser, probablemente el único agente a tener en cuenta dentro de la complejidad de su presentación. No resulta extraño, reconociendo que en este órgano se concentra una gran cantidad de placas linfoides del complejo inmune en relación al tracto digestivo, y la nuestra ya conocida microbiota (en contacto con nuestro mundo externo, según lo que comemos), con nuestro sistema inmunológico y nervioso (a raíz de esa conexión previamente comentada con el nervio vago). Este órgano además presenta moléculas de alfa sinucleina, tanto en sujetos sanos, como en los enfermos de Parkinson, y aún no se conoce todo a detalle, pero sería posible que una respuesta inflamatoria a agentes externos, a partir de la función de la microbiota, en éste órgano (y quizá a través de otras puertas aún no conocidas) activaría un desorden de respuesta inmunitaria y una agregación equívoca de las moléculas que además derivarían a una reacción (con parte de los mecanismos comentados) a nivel del sistema nervioso central, engendrando la enfermedad. Incluso, detallando más acerca de la epidemiología de la enfermedad, en estas dos poblaciones estudiadas, se refiere igualmente la ya conocida mayor presentación de enfermedad en poblaciones urbanas que rurales (¿quizá por aquellos agentes tóxicos y alimentarios que influirían en el desorden del sistema intestinal y el microbioma relacionado?).

Como bien explican en el artículo, esto no significa que ahora nos dediquemos todos a realizar apendicectomías profilácticas a la población, pero si a dar mayor importancia y dedicación de estudios a cómo muchas de estas patologías neurológicas y otras no neurológicas (autoinmunes), tendrían una fuerte relación con un sistema no tomado en cuenta en su conjunto sino hasta los últimos años, como es el sistema digestivo y su contenido.

Para quienes tengan en interés en leer algo más acerca de ello, les alcanzamos el artículo recientemente publicado el pasado 31 de octubre:


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